La Justicia de Catamarca condenó a Enzo Daniel “El Torta” Ortiz por un violento episodio ocurrido mientras se encontraba detenido, en el que incendió un calabozo y provocó lesiones gravísimas a otro interno.
El hecho, que había generado fuerte preocupación en el ámbito judicial y penitenciario, ocurrió en octubre de 2024 en una comisaría de la localidad de Londres, departamento Belén. Según la investigación, Ortiz aprovechó un momento de descuido del personal policial para iniciar el fuego dentro de la celda en la que se encontraba alojado junto a otro detenido.
De acuerdo a lo reconstruido durante el proceso, el acusado utilizó colchones y elementos inflamables para bloquear la ventilación del calabozo y provocar el incendio. La maniobra generó una rápida propagación del humo y las llamas en un espacio reducido, lo que agravó considerablemente la situación.
El compañero de celda de Ortiz fue el principal afectado: debió ser trasladado de urgencia al hospital y permaneció internado en terapia intensiva con graves lesiones en las vías respiratorias producto de la inhalación de humo.
El accionar fue considerado especialmente grave por el riesgo de vida generado y por haberse producido en un contexto de encierro, donde la víctima no tenía posibilidades de escapar por sus propios medios.
Además del incendio, Ortiz llegó al juicio imputado por otros hechos ocurridos el mismo día, entre ellos intentos de hurto, robo de un teléfono celular, amenazas y agresión a personal policial al momento de su detención.
En ese sentido, la causa incluyó cargos como “estrago doblemente calificado”, una figura penal que contempla situaciones donde se pone en peligro la vida de otras personas, junto con otros delitos vinculados a violencia y atentado contra la autoridad.
El proceso se desarrolló en la Cámara de Sentencia en lo Criminal de Segunda Nominación, donde se analizaron tanto los hechos previos como el episodio central del incendio.
La condena confirma la responsabilidad penal de Ortiz en un caso que fue considerado de extrema gravedad por las consecuencias sufridas por la víctima y por el nivel de violencia desplegado.
El incendio dentro de una celda no solo puso en riesgo la vida del otro interno, sino también la integridad de la dependencia policial, lo que reforzó la calificación del delito y el criterio de los magistrados al momento de dictar sentencia.
Este caso vuelve a poner en foco las condiciones de detención y los riesgos asociados a episodios de violencia en contextos de encierro, donde cualquier incidente puede tener consecuencias irreversibles.