La ex presidenta y actual presidenta del PJ nacional, Cristina Fernández de Kirchner, volvió a cargar contra el gobernador bonaerense Axel Kicillof tras la derrota electoral del peronismo en la provincia de Buenos Aires.
En un extenso mensaje publicado en redes sociales —y reproducido por varios medios— CFK calificó de “error político” la decisión de desdoblar las elecciones provinciales respecto del calendario nacional, y remarcó que ya había advertido públicamente sobre las consecuencias de esa decisión cuando se anunció el 14 de abril.

Según la ex mandataria, el desdoblamiento produjo una fragmentación de recursos y esfuerzos del peronismo bonaerense: al obligar a la ciudadanía y a las estructuras territoriales a disputar dos campañas separadas en apenas semanas, se debilitó la capacidad de coordinación y la proyección de voto frente a la oposición.
En su mensaje, CFK recuerda que, ante la iniciativa de Kicillof de adelantar la elección y modificar las PASO y el calendario, instruyó a sus representantes en la Legislatura bonaerense a desistir del proyecto de concurrencia electoral para evitar dividir las fuerzas.
El impacto político fue inmediato y, según el análisis de dirigentes kirchneristas, terminó por explicitar contradicciones internas: el peronismo provincial terminó dividido en estrategias y liderazgos, un factor que CFK señala como causal de derrotas puntuales —por ejemplo, la caída de candidaturas que estaban asociadas al oficialismo provincial— y como detonante de una narrativa de desunión que la oposición explotó en la campaña. La Nación, en su crónica sobre el comunicado, atribuye a la ex presidenta la responsabilidad de marcar públicamente al gobernador como quien no logró triunfar en su propio territorio.
Desde el entorno de Kicillof se sostuvieron siempre argumentos técnicos y estratégicos para justificar el desdoblamiento: la intención de adaptar la fecha electoral al calendario provincial, la discusión sobre las PASO y tratar de maximizar recursos propios en un contexto político complejo.
Esto no evitó que la decisión se transformara en un punto de fricción con La Cámpora y con sectores del kirchnerismo que defendieron una elección unificada. El debate sobre si el desdoblamiento fue una táctica válida o una torpeza se instaló así en la agenda política bonaerense.
La intervención pública de CFK cumple además una función interna: advertir sobre los riesgos de la dispersión política y reclamar unidad en el peronismo como estrategia para recomponer fuerza de cara a próximos vencimientos electorales. En su texto, la ex presidenta apela a la cohesión y lanza una crítica que, más allá del tono, coloca el foco en la gestión de liderazgos y en la necesidad de articular una estrategia común si el Frente quiere evitar nuevas derrotas territoriales.
Finalmente, la pulseada entre CFK y Kicillof pone en evidencia un dilema clásico en la política argentina: quién define la táctica electoral (gobernadores con autonomía territorial vs. conducción nacional del partido) y cómo se negocian costos y beneficios cuando las decisiones locales tienen impacto en la escena nacional.
El episodio redefine alineamientos internos y obligará a nuevos gestos de diálogo —o a una profundización de la ruptura— en los meses que vienen.