
Andalgalá volvió a convertirse en el epicentro cultural del oeste catamarqueño con el cierre de una nueva edición del tradicional Festival de El Fuerte, que durante tres noches consecutivas convocó a miles de personas y turistas de distintos puntos de la provincia y del país.
La Fiesta Nacional e Internacional, ya consolidada como una de las grandes celebraciones populares del verano, ofreció un espectáculo de alto nivel que combinó
música, danza y tradición en un marco imponente.
La Perla del Oeste vibró con una cartelera artística de jerarquía nacional que logró colmar el predio y sostener un clima festivo permanente. Artistas consagrados y referentes de distintos géneros pasaron por el escenario principal, brindando shows ovacionados por el público.
La Delio Valdez aportó su impronta festiva, Soledad Pastorutti emocionó con un repertorio cargado de clásicos y nuevas canciones, mientras que Destino San Javier reafirmó su fuerte conexión con el público.
El Indio Lucio Rojas y Sergio Galleguillo hicieron estallar la fiesta con chacareras y zambas que se cantaron hasta la madrugada.


La grilla se completó con presentaciones destacadas de Christian Herrera, Los Tekis y Valentino Merlo, entre otros, sumando diversidad musical y manteniendo la energía alta durante cada jornada. La propuesta artística, pensada para públicos de todas las edades, fue uno de los puntos fuertes de esta edición, consolidando al festival como un espacio de encuentro intergeneracional y reafirmando su crecimiento sostenido dentro del calendario cultural de Catamarca y del NOA.
El cierre de la última luna estuvo marcado por una meteorología cambiante que obligó a reprogramar parte de la grilla, aunque no opacó una jornada multitudinaria e inolvidable. Alrededor de la medianoche, una intensa lluvia llevó a la comisión organizadora a suspender momentáneamente las actividades por estrictas razones de seguridad.
En ese contexto, el secretario de Cultura local, Rodrigo Ramos, informó que las presentaciones de artistas locales serían reprogramadas para un próximo evento, priorizando el resguardo y la integridad de los músicos.
Antes del temporal, la velada había comenzado con la actuación de los locales María Ayelén Olaz y Valentín Asesor, seguidos por Ernesto Orquera, cuyo show debió ser interrumpido por la tormenta. Tras el parate, la danza volvió a cobrar protagonismo con el Ballet Oficial “El Fuerte” y un momento de profunda emotividad llegó con la voz de Itatí, quien interpretó “Chaya pa’ Andalgalá” acompañada por un ensamble de voces femeninas andalgalenses, despertando una fuerte ovación del público.
Uno de los puntos más altos de la noche fue el debut de Valentino Merlo en el escenario de El Fuerte. El joven fenómeno nacional logró una conexión inmediata con el público joven, que coreó cada uno de sus hits de principio a fin. Minutos después, la nostalgia y el ritmo jujeño se hicieron presentes con el esperado regreso de Los Tekis, que tras una década de ausencia ofrecieron un show de gran impacto visual y sonoro que volvió a encender el predio.
En la misma línea de excelencia, Christian Herrera ratificó su gran presente artístico e invitó a la joven catamarqueña Antonella Sánchez a compartir el escenario, repitiendo un gesto que ya se convirtió en su sello personal de apoyo a los nuevos valores del folclore. Ya con el cielo despejado y bajo un marco de estrellas, el grupo catamarqueño Carafea fue el encargado de poner el broche de oro a una edición que dejó un balance altamente positivo.
El Festival de El Fuerte no fue solo música. A lo largo de las tres lunas, el evento ofreció un amplio despliegue cultural con danza folklórica, expresiones tradicionales y un entorno que invitó a celebrar la identidad andalgalense. La masiva presencia de turistas tuvo un impacto directo en la ocupación hotelera, la gastronomía y el comercio local, fortaleciendo el perfil turístico de Andalgalá en plena temporada estival.
Con una convocatoria multitudinaria, una propuesta artística de primer nivel y una fuerte impronta cultural, el Festival de El Fuerte reafirmó su identidad y su proyección regional, consolidándose como uno de los eventos más importantes del verano catamarqueño y como un verdadero símbolo del orgullo cultural de la Perla del Oeste.

