Habitantes de ambos departamentos reclaman desde hace semanas por la mala calidad perceptible del agua que reciben en sus hogares. A pesar de las quejas, la empresa Aguas de Catamarca afirma que el servicio cumple con los parámetros de potabilidad. Los vecinos exigen soluciones definitivas.
La situación del agua potable en el Valle Central de Catamarca se ha convertido nuevamente en motivo de alarma y preocupación entre los usuarios. En esta oportunidad, vecinos de los departamentos Valle Viejo y Fray Mamerto Esquiú encendieron las alertas al denunciar que desde hace semanas el agua que llega a sus domicilios presenta un color turbio, olor desagradable y sabor a barro, lo que la convierte en inapropiada para el consumo diario.
La problemática afecta a distintos barrios de ambos departamentos, donde los vecinos afirman que la situación se repite con mayor frecuencia durante los días de alto calor. «Es imposible tomarla o usarla para cocinar. Tiene un olor insoportable y el agua sale marrón», manifestaron residentes de zonas como Santa Rosa, Las Chacras y San Antonio, entre otras.
Desde Aguas de Catamarca SAPEM, la empresa encargada del servicio, aclararon que el fenómeno está vinculado a la baja en el nivel del Dique Las Pirquitas y la presencia de algas, lo cual altera los “caracteres organolépticos” del agua, es decir, su sabor, color y olor. Sin embargo, aseguraron que los análisis químicos y bacteriológicos realizados indican que está dentro de los parámetros de potabilidad establecidos por las normas vigentes.
Pese a esto, los usuarios sostienen que el problema va más allá de la técnica: “No es posible que sigamos pagando un servicio que no se puede utilizar. Tenemos que comprar agua embotellada para tomar y cocinar, porque la que sale de la canilla no sirve”, enfatizaron.
Reclamo conjunto por una solución definitiva
La preocupación se siente tanto en Valle Viejo como en Fray Mamerto Esquiú, donde los vecinos se han expresado a través de redes sociales, reuniones vecinales y denuncias formales. Coinciden en señalar que se trata de una problemática recurrente y sin respuestas concretas, que año tras año va deteriorando la confianza en el servicio de agua potable.
A su vez, señalan que la situación provoca dificultades no solo económicas —por la compra de agua en botellas o bidones—, sino también emocionales y sanitarias, ya que el miedo a posibles enfermedades se instala entre las familias.
Ante este escenario, exigen la implementación de medidas estructurales que incluyan mayor inversión en el tratamiento del agua, análisis públicos y transparentes, y un plan de acción atendible para evitar el deterioro del suministro durante los meses de mayor temperatura.
La comunidad de ambos departamentos se mantiene en estado de alerta, a la espera de que las autoridades provinciales y la empresa prestataria adopten decisiones urgentes para restablecer un servicio esencial que garantice no solo seguridad técnica, sino también calidad sensorial y confianza social.