Historia de superación de un jóven de Fray Mamerto Esquiú, Catamarca.
Hay regresos que se celebran con un resultado, una victoria o un gol. Y hay otros que tienen un significado mucho más profundo. El de Lautaro Luna pertenece a esta última categoría.
El 27 de septiembre de 2026 volvió a jugar un partido oficial de fútbol después de dos años, pero detrás de esos minutos dentro de una cancha hay una historia marcada por el dolor, seis intervenciones quirúrgicas, meses de rehabilitación y una voluntad que nunca dejó de mirar hacia el mismo lugar: volver a jugar.

Lautaro nació el 5 de mayo de 2009 y comenzó su camino deportivo a los 13 años, cuando llegó al Club Atlético La Tercena, Club de sus amores y Club tradicional de sus padres y abuelos. Allí empezó a formarse en las categorías Sub 15 y Sub 17, mientras construía de a poco su vínculo con el fútbol. Para él, jugar no era solamente practicar un deporte. Era una pasión, un espacio donde podía crecer, compartir con sus compañeros y proyectar nuevos desafíos.

Lamentablemente la historia tendria pensado otro capítulo pada Lautaro, en el año 2024 tuvo la posibilidad de dar otro paso importante: fue seleccionado para integrar el Seleccionado Chacarero. La convocatoria significaba un reconocimiento a su esfuerzo y una oportunidad para seguir creciendo dentro del fútbol ya no solo local, sino también una apertura para un futuro profesional. Pero cuando parecía que su camino deportivo comenzaba a abrir nuevas puertas, un hecho inesperado cambió todo.

El 9 de septiembre de 2024, Lautaro sufrió un grave accidente vial en Fray Mamerto Esquiú. Cuando apenas tenía 15 años. Según informaron los medios periodísticos y policiales en aquel momento, el adolescente circulaba en motocicleta cuando terminó debajo de un camión cisterna de Vialidad Provincial, el trágico hecho tuvo lugar en la Calle Angela López en La Tercena, Fray MamertoEsquiú, cuando Lautaro se dirija a la escuela a buscar a una de sus hermanas según testimonios de su madre.

El fuerte impacto le provocó una fractura expuesta y debió ser trasladado de urgencia al Hospital de Niños Eva Perón. A partir de aquel día comenzó una etapa que nada tuvo que ver con entrenamientos, partidos o competencias. El objetivo dejó de ser marcar goles o defender una camiseta: primero había que recuperarse.

La gravedad de la lesión hizo que el proceso fuera especialmente complejo. Lautaro tuvo que ingresar seis veces al quirófano debido a distintas complicaciones relacionadas con la herida. Atravesó infecciones, raspajes y la colocación de un clavo, en una recuperación que se extendió durante meses y que puso a prueba no solamente su cuerpo, sino también su fortaleza para continuar adelante.

Para un adolescente acostumbrado a correr detrás de una pelota, tener que atravesar una recuperación de estas características significó un cambio enorme. Durante mucho tiempo, volver a caminar fue un objetivo en sí mismo. Cada avance, por pequeño que pareciera, representaba una conquista. Hasta que llegó uno de los momentos más esperados: después de meses de rehabilitación, Lautaro consiguió volver a caminar sin muletas.

En ese proceso fueron fundamentales sus kinesiólogos, Federico Barros y Ricardo Rojas Mascareño, de Sportiva Salud. El trabajo de recuperación no se limitó solamente a lo físico. Según el relato de su madre, ambos fueron también un apoyo emocional durante una etapa difícil y acompañaron a Lautaro en cada parte del camino, ayudándolo a recuperar progresivamente la movilidad, la fuerza y la confianza necesaria para volver a pensar en aquello que parecía tan lejano.
Pero recuperarse no significaba simplemente volver a caminar. Para Lautaro había una meta mucho más grande, el quería volver a ponerse los botines, los meses fueron pasando y el sueño permaneció intacto.
Hasta que finalmente el 9 de septiembre de 2026 se cumplieron exactamente dos años del accidente que había interrumpido su carrera deportiva y una de la etapas más dolorosas de su corta vida, dos años desde aquella jornada que cambió su vida y que lo obligó a comenzar un camino que jamás había imaginado.
Y apenas 18 días después llegó el momento que tanto había esperado.
El 27 de septiembre de 2026, Lautaro volvió a disputar un partido oficial de la Liga Chacarera. Esta vez lo hizo con la camiseta del Club Obreros de San Isidro, en la categoría Sub 17. Volvió a entrar a una cancha, volvió a compartir un partido con sus compañeros y volvió a hacer aquello que durante tanto tiempo había tenido que mirar desde afuera.
Quizás para quienes estuvieron alrededor de la cancha fue simplemente un partido de Sub 17. Para Lautaro fue mucho más. Cada paso dentro del campo tuvo detrás meses de rehabilitación; cada movimiento, el recuerdo de una lesión que requirió seis operaciones; cada minuto con la pelota, la consecuencia de no haber abandonado nunca el objetivo de regresar.
Su historia tampoco termina con este partido. El regreso es apenas otro comienzo. Después de dos años de espera, Lautaro volvió a tener la posibilidad de seguir construyendo su historia dentro del fútbol. Ya no desde el lugar del adolescente que comenzaba a soñar con crecer como jugador, sino desde la experiencia de alguien que aprendió, demasiado temprano, que a veces para volver a hacer lo que uno ama primero hay que aprender nuevamente a dar un paso.
Lautaro Luna volvió a jugar. Y detrás de ese regreso hay una familia, profesionales que lo acompañaron, meses de esfuerzo y una voluntad que se sostuvo incluso cuando el camino parecía interminable. Dos años después de aquel accidente, volvió a una cancha con la camiseta de Obreros de San Isidro. Esta vez no necesitó que nadie le dijera hasta dónde podía llegar: había recorrido todo ese camino para comprobarlo por sí mismo, Lautaro hoy nos invita a reflexionar qué los sueños nunca dejan de ser solo eso, sino que con esfuerzo, perseverancia y sobre todo mucha fe todo se puede lograr incluso volver a vivir para seguir soñando.