El 26 de noviembre de 2006, Nora Dalmasso, de 51 años, fue hallada asesinada en su vivienda del barrio Villa Golf, en Río Cuarto, Córdoba. La mujer fue estrangulada con el cinturón de su bata, en un hecho que rápidamente conmocionó a la comunidad local y a todo el país.
Desde el primer momento, el caso estuvo marcado por la complejidad y la confusión. La escena del crimen presentaba señales de violencia extrema, pero no había testigos directos. Esto llevó a que la investigación inicial se centrara tanto en el entorno familiar como en trabajadores y allegados de la víctima, generando una red de sospechosos que se ampliaba con cada nueva pista.
El primer gran foco recayó sobre Marcelo Macarrón, viudo de Nora, quien fue investigado durante años y sometido a un juicio mediático intenso. Sin embargo, fue absuelto en 2022, tras más de 15 años de investigaciones, pericias y teorías contradictorias. El caso parecía estancarse, dejando a la sociedad con más preguntas que respuestas.
La aparición de Roberto Bárzola y la evidencia genética
En 2024, las investigaciones dieron un giro con la identificación de Roberto Bárzola, pulidor de pisos que trabajaba en la casa de Dalmasso, como principal sospechoso. El hallazgo clave estuvo en el cinturón de la bata, con el que la víctima fue estrangulada.
El cinturón contenía dos perfiles genéticos distintos: uno correspondiente al viudo Macarrón y otro que coincidía con Bárzola. Tras cotejar más de 150 pruebas genéticas y evidencias físicas, los fiscales consideraron que Bárzola era el único vínculo directo con la víctima en el momento del crimen.
Sin embargo, la limitación legal del tiempo impidió que el proceso avanzara. Según el Código Penal, el delito de abuso sexual con acceso carnal seguido de muerte prescribe a los 15 años. Con casi 19 años transcurridos desde el asesinato, la Justicia decidió sobreseer a Bárzola, dejando la causa sin posibilidad de condena.
Un caso lleno de controversias y giros judiciales
El caso Dalmasso no solo ha sido complejo por la dificultad de probar responsabilidades, sino también por su impacto mediático y social. Durante casi dos décadas, el expediente estuvo marcado por:
- Hipótesis conflictivas: Cada nuevo sospechoso generaba teorías mediáticas y judiciales, desde conspiraciones familiares hasta involucramiento de terceros desconocidos.
- Retrasos judiciales y cambios de fiscales: Esto provocó la pérdida de pruebas y dificultó el avance sostenido del caso.
- Pruebas científicas y su interpretación: Las pericias genéticas fueron claves, pero también polémicas, ya que el ADN mezclado en el cinturón generó interpretaciones contradictorias.
- Juicios paralelos en la prensa: La cobertura mediática intensa amplificó la presión social y política sobre los investigadores y fiscales.
La combinación de estos factores convirtió al caso en un símbolo de la complejidad judicial argentina, donde delitos graves y mediáticos enfrentan limitaciones legales y técnicas que pueden impedir la justicia efectiva.
Reacciones y consecuencias
El sobreseimiento de Bárzola ha generado indignación en familiares y sectores de la sociedad que esperaban una condena. Ángeles Mussolini, abogada de la familia Macarrón, señaló que el caso debería haber sido juzgado formalmente, y no depender de plazos legales que dejan el crimen impune.
Para la sociedad, este desenlace representa una frustración histórica: un crimen violento, mediático y que atravesó múltiples etapas judiciales termina sin responsables, dejando interrogantes abiertos y una sensación de injusticia que se mantiene a casi dos décadas del asesinato.
El caso Dalmasso sigue siendo un recordatorio del desafío que enfrentan los sistemas judiciales frente a delitos complejos, con pruebas tardías, plazos legales y presiones mediáticas que a menudo condicionan el resultado final.