Europa enfrenta un aumento inusual de casos de gripe provocado por la variante H3N2 subclado K, una mutación que comenzó a circular con fuerza semanas antes de lo previsto y que ya genera tensión en varios sistemas de salud. La cepa presenta cambios genéticos que le permiten evadir parcialmente la inmunidad previa, lo que explica la velocidad de transmisión registrada en países como Francia, Alemania, Italia y Reino Unido.
Los hospitales europeos reportan mayor demanda en guardias, especialmente en niños, adultos mayores y pacientes con enfermedades respiratorias crónicas. Aunque los síntomas son similares a los del COVID-19 —fiebre alta, dolor de garganta, tos seca, dolores musculares y cansancio extremo—, los expertos subrayan que no se trata de un virus nuevo ni de una amenaza pandémica similar a la de 2020, sino de una variante más agresiva del virus de la influenza.
El incremento de contagios coincide con la circulación de otros virus respiratorios, incluidos SARS-CoV-2 y el VSR, lo que agrava el panorama en las áreas urbanas más densas. Autoridades sanitarias europeas recomiendan reforzar la vacunación antigripal, ventilar ambientes y mantener medidas de prevención para evitar saturación hospitalaria durante las próximas semanas.
A pesar del clima de preocupación, organismos internacionales remarcan que “no existe evidencia” de que la variante pueda desencadenar un escenario comparable al del COVID-19, aunque advierten que su comportamiento seguirá siendo monitoreado de cerca.