Ernesto Guevara de la Serna nació en Rosario, Argentina, en una familia de clase media acomodada. Desde joven mostró sensibilidad ante las desigualdades sociales.
Su formación en medicina le permitió recorrer América Latina, donde fue testigo de la pobreza extrema, la explotación de trabajadores y campesinos, y las dictaduras militares que dominaban la región.
Estos viajes, documentados en su célebre Diario de motocicleta, forjaron su conciencia política y social.
Revolución Cubana y consolidación política
En 1955, Guevara se unió al Movimiento 26 de Julio, liderado por Fidel Castro, para derrocar a Fulgencio Batista en Cuba. Participó activamente en la guerrilla de la Sierra Maestra, demostrando liderazgo militar y compromiso ideológico.
Tras el triunfo de la Revolución en 1959, ocupó cargos estratégicos: presidente del Banco Nacional, ministro de Industria y director de programas de reforma agraria, impulsando políticas económicas socialistas orientadas a reducir la desigualdad y modernizar la industria cubana.
Pensamiento y legado ideológico
El Che fue también teórico. Sus escritos sobre guerra de guerrillas, economía socialista y compromiso revolucionario —como Guerra de guerrillas y El socialismo y el hombre en Cuba— influyeron en movimientos insurgentes en América Latina, África y Asia.
Sostenía que la transformación social exigía compromiso activo, disciplina y solidaridad internacional, defendiendo la lucha armada como herramienta para enfrentar estructuras de poder opresivas.
Internacionalismo y últimos años.
Tras consolidar la revolución en Cuba, Guevara viajó a África (Congo) y América Latina (Bolivia) para fomentar movimientos insurgentes. En Bolivia, fue capturado por fuerzas apoyadas por la CIA y ejecutado el 9 de octubre de 1967 en La Higuera.
Su muerte consolidó su figura como mártir de la causa revolucionaria y símbolo universal de resistencia contra la injusticia y el imperialismo.
Impacto y simbolismo contemporáneo.
Hoy, la imagen del Che, con su icónica boina y mirada desafiante, trasciende la política para convertirse en un símbolo global de rebeldía, justicia social y lucha contra la opresión.
Su figura sigue inspirando debates sobre la ética de la lucha armada, la justicia social y los límites del idealismo revolucionario en el siglo XXI.