Culturales 14 de septiembre de 2026

El Señor de los Milagros, una joya colonial que mantiene viva la identidad de FME.

Boggio
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Cada aniversario de la declaración del Santuario del Señor de los Milagros de La Tercena representa mucho más que una fecha dentro del calendario religioso de Fray Mamerto Esquiú. Es una oportunidad para volver la mirada hacia uno de los espacios históricos, espirituales y comunitarios más importantes del departamento, un templo que durante siglos acompañó la vida de generaciones de catamarqueños y que continúa siendo un punto de encuentro para la fe, la memoria y la identidad local.


El templo fue declarado Santuario en septiembre de 2007 por el entonces obispo de Catamarca, monseñor Elmer Miani. Desde ese momento, la iglesia del Señor de los Milagros adquirió una relevancia religiosa aún mayor, al convertirse formalmente en un lugar de peregrinación y devoción para fieles de distintas localidades. En 2017, la comunidad celebró los diez años de aquella declaración, reafirmando el valor espiritual de un edificio que ya ocupaba un lugar central en la historia de La Tercena.


UN TEMPLO CON RAÍCES EN LA HISTORIA COLONIAL.

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La historia del Santuario se remonta a fines del siglo XVIII. De acuerdo con los registros históricos, el templo fue construido entre 1791 y 1793, en un contexto en el que la organización religiosa y territorial de la región tenía una importancia decisiva para la vida de las poblaciones del Valle Central. Algunas referencias ubican la construcción en 1791, según la inscripción del dintel de la puerta, mientras que otras fuentes oficiales señalan el año 1793 como fecha de edificación.


La iglesia fue levantada en terrenos vinculados con la familia Segura y funcionó como sede parroquial del antiguo Curato de las Lagunas del Valle de Piedra Blanca. Aquel territorio eclesiástico comprendía una extensa zona que incluía sectores de los actuales departamentos de Fray Mamerto Esquiú, Ambato y Paclín. Por su antigüedad, el templo constituye uno de los testimonios más valiosos de la arquitectura religiosa colonial en Catamarca.


Su existencia permite comprender cómo se estructuraba la vida social durante el período colonial y los primeros años de la etapa independiente. Las iglesias no eran únicamente espacios destinados al culto: también funcionaban como centros de reunión, lugares de transmisión cultural, ámbitos de asistencia y escenarios donde se registraban acontecimientos fundamentales para las familias, como bautismos, matrimonios y funerales.


En torno al templo se fue consolidando una comunidad que encontró en la devoción al Señor de los Milagros una expresión de pertenencia. La fe se transmitió de generación en generación y quedó vinculada con las historias familiares, las promesas, las peregrinaciones, las celebraciones patronales y las prácticas de solidaridad que todavía forman parte de la vida cotidiana de La Tercena.


UN PATRIMONIO QUE SOBREVIVE AL PASO DEL TIEMPO.


El Santuario del Señor de los Milagros es reconocido como Monumento Histórico Nacional, una distinción que pone de relieve su importancia arquitectónica, cultural y religiosa. Esta condición no solo protege el edificio por su antigüedad, sino que también reconoce el papel que desempeñó en la construcción de la identidad histórica de Catamarca.

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Sus muros, su estructura y sus características constructivas forman parte de un patrimonio que sobrevivió a transformaciones políticas, sociales y económicas. En sus espacios se refleja una forma de construir propia de la época colonial, marcada por el uso de materiales tradicionales y por una arquitectura vinculada con las necesidades de las comunidades rurales y religiosas de aquel tiempo.


Sin embargo, la importancia del Santuario no se limita a su valor material. Un edificio histórico puede conservarse como una pieza arquitectónica, pero en La Tercena el templo continúa teniendo una función viva. Allí se celebran misas, se reúnen familias, se realizan novenas y procesiones, se formulan promesas y se mantienen prácticas religiosas que siguen dando sentido a la comunidad.


Esa combinación entre patrimonio y vida cotidiana es la que convierte al Santuario en un espacio singular. No se trata solamente de una construcción antigua, sino de un lugar que mantiene vigente su función espiritual y social.


LA DEVOCIÓN AL SEÑOR DE LOS MILAGROS.


La devoción al Señor de los Milagros ocupa un lugar profundo en la religiosidad popular de La Tercena y de todo Fray Mamerto Esquiú. A lo largo del tiempo, numerosas familias se acercaron al templo para agradecer favores recibidos, pedir protección, acompañar a personas enfermas o renovar promesas personales y familiares.

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Como ocurre con muchas expresiones de la religiosidad popular, esta devoción se sostiene tanto en las celebraciones oficiales de la Iglesia como en las prácticas cotidianas de los vecinos. Las oraciones, las visitas al templo, las procesiones y las fiestas patronales forman parte de una tradición que no depende únicamente de las instituciones, sino también del compromiso de la comunidad.


La figura del Señor de los Milagros representa para muchos fieles una imagen de esperanza frente a las dificultades. En tiempos de enfermedad, crisis económica, pérdidas familiares o incertidumbre, el Santuario se transforma en un espacio de consuelo y acompañamiento. Allí la fe adquiere una dimensión colectiva: las preocupaciones individuales se comparten y encuentran una respuesta comunitaria.


Las celebraciones religiosas también permiten fortalecer los vínculos entre vecinos. Familias que viven en distintos puntos del departamento regresan a La Tercena durante las festividades, participan de las actividades y reencuentran una tradición que forma parte de su historia personal.


EL SANTUARIO COMO ESPACIO SOCIAL.


La dimensión social del Santuario resulta tan importante como su significado religioso. A lo largo de las décadas, el templo fue un punto de referencia para la comunidad y un lugar donde se expresaron distintas formas de solidaridad. Las celebraciones convocan a personas de diferentes edades y trayectorias, generando espacios de encuentro entre niños, jóvenes, adultos y adultos mayores.


En torno a las fiestas religiosas suelen organizarse actividades comunitarias, encuentros familiares, acciones de colaboración y propuestas destinadas a mantener viva la tradición. En ese proceso, la comunidad no solo participa como espectadora, sino que se convierte en protagonista de la conservación de su patrimonio y de la transmisión de sus costumbres.


El Santuario también cumple una función educativa y cultural.

Su historia permite acercar a las nuevas generaciones a los orígenes de La Tercena, a la organización territorial de la antigua Catamarca y a las transformaciones que atravesó la región. Conocer el templo implica comprender que el patrimonio no está separado de la vida de la sociedad, sino que forma parte de ella.


Por esa razón, la preservación del edificio requiere una mirada integral. No alcanza con proteger sus paredes o su estructura: también es necesario conservar las historias, los testimonios, las celebraciones y las prácticas que le otorgan significado.


UN LUGAR CENTRAL EN EL PATRIMONIO DE FRAY MAMERTO ESQUIÚ.

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Cabe destacar qu en el histórico templo se conerva la pila baustismal, donde el Beato Esquiú, fuera bautizado, destacando así como la historia catamarqueña vive en sus muros.

La Tercena forma parte de un departamento con una enorme riqueza histórica y religiosa. En el territorio de Fray Mamerto Esquiú conviven sitios vinculados con la historia colonial, la vida del Beato Mamerto Esquiú, antiguas capillas, espacios rurales y expresiones culturales que reflejan la identidad del Valle Central catamarqueño.


Dentro de ese conjunto, el Santuario del Señor de los Milagros ocupa un lugar destacado. Su antigüedad, su reconocimiento patrimonial y la continuidad de su actividad religiosa lo convierten en uno de los principales símbolos históricos de la localidad.


La existencia de este templo también abre posibilidades para el desarrollo del turismo religioso y cultural. Quienes recorren Catamarca en busca de espacios históricos pueden encontrar en La Tercena un sitio donde se combinan arquitectura, espiritualidad, memoria y paisaje. Para que ese potencial se consolide, resulta fundamental promover acciones de conservación, difusión histórica, señalización y participación comunitaria.


El turismo patrimonial, entendido de manera responsable, puede contribuir a fortalecer la economía local sin desvirtuar el sentido religioso del lugar. La llegada de visitantes debe estar acompañada por el respeto a las celebraciones, al silencio del templo y a las prácticas de la comunidad.


UNA HISTORIA QUE CONTINÚA.


A casi dos siglos y medio de sus orígenes, el Santuario del Señor de los Milagros continúa siendo una presencia significativa en la vida de La Tercena. Sus muros conservan parte de la historia de Catamarca, pero su verdadero valor se encuentra también en las personas que lo sostuvieron a lo largo del tiempo.


La declaración como Santuario, realizada en 2007, reconoció institucionalmente una realidad que la comunidad ya vivía desde hacía generaciones: la iglesia era un lugar de peregrinación, oración y encuentro. Aquel reconocimiento reforzó su importancia dentro de la vida religiosa de la provincia y puso en valor su papel como espacio de devoción.


Cada aniversario invita a celebrar la fe, pero también a reflexionar sobre la responsabilidad de preservar este patrimonio. Cuidar el Santuario significa proteger una construcción histórica, mantener vivas las tradiciones y garantizar que las futuras generaciones puedan conocer el legado espiritual y cultural de La Tercena.


El Señor de los Milagros sigue siendo, de este modo, una referencia para la comunidad de Fray Mamerto Esquiú. En sus celebraciones se encuentran el pasado y el presente; la memoria familiar y la identidad colectiva; la historia colonial y la vida actual de los vecinos. Por eso, el Santuario no es solamente un templo antiguo: es un patrimonio vivo que continúa formando parte del corazón de La Tercena.

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