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La Virgen de Lourdes su historia.

La historia de Nuestra Señora de Lourdes comienza en un pequeño pueblo francés en las estribaciones de los Pirineos, llamado Lourdes. Hacia mediados del siglo XIX, esta localidad era conocida por su atraso económico y la pobreza de sus habitantes. Entre ellos se encontraba Bernadette Soubirous, nacida en 1844 en una familia de modesta condición que vivía al borde de la indigencia. Bernadette, de 14 años, trabajaba como pastora, cuidando ovejas y ayudando a su familia cuando no iba a recoger leña o huesos para sobrevivir.


Las apariciones marianas de 1858.


El 11 de febrero de 1858, mientras caminaba por los alrededores de la Gruta de Massabielle, junto al río Gave de Pau, Bernadette aseguró haber visto algo extraordinario: una mujer vestida de blanco, con un cinturón azul y un rosario en las manos.

La joven describió que la figura estaba de pie sobre una especie de nube, con rosas cerca de sus pies.
Esa fue la primera de 18 apariciones que, según su relato, ocurrieron entre 11 de febrero y 16 de julio de 1858.

Durante ese tiempo, la joven volvió repetidas veces a la gruta, convencida de que aquella presencia le hablaba y le transmitía mensajes. Muchos de estos encuentros se dieron en privado, sin testigos que pudieran verificar de forma objetiva lo que ocurría.

El mensaje y la identidad revelada.


En las primeras apariciones, la figura no se identificó con un nombre que todos entendieran. Sin embargo, más adelante en lo que sería un momento clave para la interpretación del fenómeno, la mujer le dijo a Bernadette: “Soy la Inmaculada Concepción”, frase que correspondía a un dogma católico proclamado apenas cuatro años antes por el papa Pío IX en 1854.


Además de instar a la oración y la penitencia, la aparición le indicó que cavara en el suelo. Bernadette obedeció y, tras excavar, brotó un manantial de agua que fue creciendo con el paso de los días y del cual, con el tiempo, se atribuyeron miles de curaciones y milagros, muchos de ellos investigados por la Iglesia.

Reacción de autoridades y crecimiento del santuario.


Al principio, la afirmación de Bernadette fue recibida con escepticismo e incluso oposición: autoridades civiles, algunos clérigos locales y vecinos dudaban de su testimonio.

La joven enfrentó burlas e incluso sanciones de parte de su familia, que llegó a castigarla por contar su experiencia. Sin embargo, con el paso de los días y ante la creciente afluencia de fieles a la gruta, la Iglesia decidió investigar.


Finalmente, en 1862 el obispo de la diócesis declaró las apariciones dignas de fe, lo que permitió el desarrollo del culto mariano en Lourdes y la construcción de capillas y basílicas alrededor de la gruta. Desde entonces, Lourdes se convirtió en uno de los santuarios más importantes del mundo, recibiendo millones de peregrinos cada año.


Los “secretos” de Lourdes.


A diferencia de otras apariciones marianas como las de Fátima (en las que se hablaron claramente de tres secretos proféticos), en Lourdes no se revelaron secretos de futuro o predicciones históricas ampliamente difundidas. La mayoría de los llamados “secretos” atribuidos a Bernadette forman parte de relatos y tradiciones menos documentadas oficialmente y, en muchos casos, no están reconocidos por la Iglesia católica como mensajes divinos públicos.


Algunos relatos más populares y no canónicos presentes en versiones devocionales o en tradiciones orales alrededor del evento señalan que la Virgen le comunicó a Bernadette ciertos mensajes íntimos que no debía revelar a nadie, incluyendo una oración especial. Estas manifestaciones, según esas fuentes, se habrían dado en apariciones intermedias, pero no fueron publicadas oficialmente ni incluidas en los documentos eclesiásticos autorizados.


Es importante notar que, mientras que la Iglesia ha aprobado formalmente las apariciones en Lourdes, no ha emitido declaraciones públicas sobre mensajes privados o secretos confidenciales entregados a Bernadette, lo que contrasta con otras apariciones donde sí se reconocieron mensajes específicos revelados al mundo.


Bernadette y su legado.


Bernadette Soubirous, a quien más tarde se canonizó como Santa Bernadette, vivió humildemente después de las apariciones, dedicándose a la vida religiosa en un convento en Nevers, donde murió en 1879.

La Iglesia católica la reconoce por su humildad y fidelidad ante las visiones, y su cuerpo considerado incorrupto se conserva como reliquia en el convento donde vivió sus últimos años.


El mensaje de Nuestra Señora de Lourdes ha influido profundamente en la fe de millones de cristianos, atrayendo no solo a quienes buscan consuelo o sanación física, sino también a quienes valoran la llamada a la conversión, la oración y la esperanza profunda que emanó de una joven pastora del siglo XIX.

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