
El 7 de septiembre de 2004, a las 8:53 de la mañana, Catamarca fue sacudida por uno de los terremotos más recordados de su historia reciente. El Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES) registra aquel movimiento como un terremoto con epicentro en la zona de Los Ángeles, Pomán y Saujil, con una intensidad que alcanzó los VII grados en la escala de Mercalli en sectores del sur de Catamarca y norte de La Rioja. El sismo fue percibido en numerosas provincias argentinas y quedó grabado en la memoria colectiva de toda una generación.
El impacto fue enorme. Hubo viviendas dañadas, paredes resquebrajadas, interrupciones de servicios y desprendimientos en distintos puntos de la provincia. También resultaron afectados edificios públicos, escuelas y templos, mientras que en algunas rutas se produjeron desmoronamientos. La magnitud del fenómeno generó escenas de desesperación y temor entre los catamarqueños, que durante largos minutos sintieron cómo la tierra se movía debajo de sus pies.
Estudios y registros posteriores sitúan la magnitud del sismo alrededor de 6,4-6,5, convirtiéndolo en un acontecimiento sísmico de considerable importancia para la provincia.
Pero el 7 de septiembre adquirió con el tiempo un significado que excedió ampliamente lo geológico. Para miles de catamarqueños, el hecho de que un terremoto de semejante intensidad no provocara una catástrofe humana comparable con la magnitud del movimiento fue interpretado desde la fe como una protección de la Virgen del Valle, patrona y figura central de la religiosidad catamarqueña. Así nació la denominación de “Día del Milagro”: no como una explicación científica del terremoto, sino como una expresión de fe y agradecimiento de la comunidad católica hacia la Virgen. La propia Iglesia catamarqueña comenzó a conmemorar cada 7 de septiembre con misas, campanadas y actos de acción de gracias.
Esa tradición religiosa terminó adquiriendo reconocimiento institucional. En 2017, la Legislatura de Catamarca sancionó la Ley Provincial 5525, que declaró al 7 de septiembre como “Día del Milagro” en agradecimiento a la Virgen del Valle y estableció que la fecha fuera un feriado provincial inamovible.
La norma también dispuso que los acontecimientos del 7 de septiembre de 2004 fueran incorporados a los contenidos de las escuelas de la provincia y estableció que la conmemoración se realizara en coordinación con el Obispado.
Desde entonces, cada 7 de septiembre Catamarca vuelve simbólicamente a aquella mañana. A las 8:53, la misma hora en que comenzó el terremoto, las campanas de los templos recuerdan el instante que marcó para siempre a la provincia.
La fecha combina así memoria, prevención sísmica, identidad catamarqueña y profunda religiosidad: para la ciencia, es el aniversario de un importante terremoto; para la fe de numerosos catamarqueños, es el día en que la Virgen del Valle protegió a su pueblo.
Esa doble dimensión explica por qué, 22 años después, el 7 de septiembre continúa siendo una de las fechas más cargadas de significado en la vida social y religiosa de Catamarca.



